Ha nacido una estrella: Takagi Ayano



Después de años soportando la humillación de ver al shotokan pisoteado por los clones del mediocre Luca "chulopiscinas" Valdesi, hundido en la miseria, muy merecidamente arrollado un estilo de karate del precámbrico que, conveniente y muy eficientemente pulido, arrasa en la competición de kata, acabo de respirar un soplo de aire fresco. No, no todo está perdido para el karate.

Y sí, ha tenido que ser una mujer, y además mona, la que haya aportado esa brisa reparadora. Pero tiene narices que tenga que ser una mujer la que venga a enmendar al ejército de sietemachos que asola el karate moderno. Esperemos que sea prolífica en hijos de su buen hacer. 

Es cierto que tiene ventaja: es pequeñita y por lo tanto se puede mover con mayor agilidad y velocidad; no tiene las piernas muy largas, lo que ayuda a que sus posturas sean agradables estéticamente, pero lo verdaderamente importante es que casi no cae en el error que infesta a los shotokaneros de la época post-italiana: el acortamiento de las técnicas.

El principal problema del shotokan hoy en día, año 2017, es que, a falta de buenos técnicos, por ausencia de buenas referencias, o porque las (la única que conozco) buenas referencias están mal de la cabeza y prefieren esconderse a divulgar un shotokan correcto, se ha intentado emular al exitoso shitoryu que, desde Antonio Díaz, lo gana absolutamente todo.

¿Es tan difícil de entender que no se puede correr un maratón a ritmo de 100 metros? Quizá es que yo soy muy tonto y no lo veo pero, vamos a ver, señores: para mí que no se puede hacer un karate técnicamente correcto a la velocidad shitoryu. A esa velocidad, o acortas las técnicas como ellos, o se te disloca la articulación escapulohumeral. No se puede morder y sorber a la vez.

Cierto que Ayano acorta algo las técnicas, pero muy poco; cierto que no es perfecta aún, pero con un poco más de entrenamiento puede llegar a serlo.

Señores (atontaos) shotokaneros: o recuperamos el espíritu y el estilo del shotokan, o no volvemos a pisar un podio hasta que las ranas críen pelo. El shotokan es un estilo de técnica, de elegancia, no de velocidad (ni puñetera falta que hace)


No dejen de seguir a Ayano, merece la pena que aprendan ustedes de ella.

Ah, y si encuentran alguna otra joya, compartan ;-)




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Autodefensa contra ataques con cuchillo - Self-defense against knife attacks

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Seguramente no se sorprenderán si les digo que los ataques con arma blanca son los más fáciles de defender y repeler de todos los ataques terroristas o intentos de asesinato. Pero sí les sorprenderá saber que, teniendo en cuenta que no me he sumado a la moda de correr maratones o bailar zumba, sino a perfeccionar durante casi 40 años varias artes marciales, armas tradicionales japonesas y deportes de combate, prefiero que me ataque una persona con un cuchillo, incluso varias igualmente armadas, a recibir el ataque de unos pandilleros a manos limpias, y por supuesto a otros tipos de atentado terrorista.
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Y todavía se sorprenderán más si les aseguro que cualquier persona, cualquiera, sin ningún conocimiento en absoluto en ningún tipo de deporte o arte marcial, hasta una persona débil o un anciano, puede defenderse fácilmente de uno o varios atacantes con cuchillo. Fácilmente, muy fácilmente. Increíblemente fácil, como comprobarán a continuación.
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En primer lugar hay que tener en cuenta que llevar un arma de este tipo es una señal de debilidad. Fíjense: si una persona lleva un cuchillo en la mano, está fiando todos sus recursos a ese implemento, lo que significa que está confiando plenamente en él, en los estragos que puede causar con él, abandonando la defensa. Una persona o grupo de personas que quiere matarte a golpes tiene mucha más peligrosidad porque, al no disponer de ningún implemento en el que apoyarse, tienen que tener en cuenta el posible contraataque, pero sobre todo porque no sabemos por dónde nos va a venir el golpe tras el que lloverá una cascada de ellos. Los malosos siempre tienen ventaja, además, porque no suelen tener la gentileza de dejarnos que golpeemos primero, atacan por sorpresa, anticipándose. Y ya saben lo que dice el refrán: el que pega primero pega dos veces.
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Sin embargo, como les digo, frente a un atacante con arma blanca sabemos sin ninguna duda, al 100%, por dónde nos va a venir el ataque mortal: por el lado de la mano armada. Lógicamente. Esa es su vulnerabilidad clave, la otra cara de la moneda asesina.
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Y ustedes objetarán, lógicamente: –Vale, pero es que un cuchillo es en sí mismo una buena medida de protección. Pero se equivocan. Un terrorista o cualquier agresor que porte cualquier arma blanca no trata de protegerse, sino de atacar, precisamente porque se cree protegido por el arma. Y ustedes también lo creían hasta ahora.
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Pero no se animen, porque ahora les voy a echar encima un jarro de agua fría: si alguien les ataca con un cuchillo o similar, están ustedes muertos con casi el 100% de probabilidad. Sí, si usted tiene la desgracia de toparse con uno de estos atentados, lo más probable es que muera. Y puede ocurrir en cualquier momento, en cualquier parte del mundo. Si le ocurre, dese por muerto.
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A no ser que siga al pie de la letra mis instrucciones. Que es lo que yo mismo haría si me encontrara en apuros.
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¿Qué hacer ante un ataque con arma blanca?

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Primero asúmalo: está usted muerto, así que olvide sus miedos, sus propias ideas sobre cómo reaccionaría, si huyendo, quedándose paralizado, preso de un ataque de histeria, abrazándose al primero que pille, implorando ayuda a Dios, o como le contaron en la clase de defensa personal. Usted no vivirá para contarlo. En un instante, un segundo, llegará un corte limpio al lateral de su cuello, seccionando su carótida y yugular, y en cuestión de 5 minutos será un cadáver caliente. Ya no podrá volver a ver a los suyos, que quedarán destrozados, rotos de dolor por su muerte, por no poder verle más.
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Si ya ha asumido que si se encuentra en la situación es varón muerto o mujer muerta, ya estamos en el camino de aliviar la angustia que le estoy provocando a propósito, e invertir el porcentaje de probabilidad de supervivencia, propia, y de todos los demás que estén siendo atacados, y anular al 100% al atacante o atacantes.
 
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Sí, si usted tiene la desgracia de toparse con uno de estos atentados, lo más probable es que muera. Y puede ocurrir en cualquier momento, en cualquier parte del mundo. Si le ocurre, dese por muerto.
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Antes de continuar quiero hacerles una observación y una pregunta muy útil para nuestros propósitos: Existen decenas de artes marciales y deportes de combate: los clásicos karate, judo, taekwondo, boxeo, y otros más modernos como los terriblemente eficaces kick boxing, muai thai, y más recientemente, las MMA o Artes Marciales Mixtas. Seguramente habrá visto horrorizado algún fragmento de combate de MMA, la depravación más salvaje e inhumana de lo que un día fueron artes de lucha impregnadas de una filosofía todo lo discutible que se quiera, pero desarrolladas no con ánimo de dañar, sino de defenderse.
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Usted pensará, lógicamente, que no duraría ni 30 segundos ante un bárbaro de estos, ¿verdad? Sin embargo, los combates pueden durar 25 minutos, por lo que uno puede preguntarse: si son tan terribles, ¿cómo es que pueden estar tanto tiempo sin caer KO?. La respuesta es muy sencilla: hasta este bárbaro “deporte” tiene reglas.
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La pregunta es ¿por qué tienen reglas? ¿Se ha dado cuenta? ¿A que no se había parado a pensarlo? ¿Cómo es posible que un tipo fornido y curtido en mil combates no sea capaz de librarse de una inmovilización de otro? Pues porque hasta el MMA tiene reglas. Si no hubiera normas, uno de los dos contendientes no saldría vivo del ring.
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Tenga esto muy en cuenta: no existe ningún arte marcial ni deporte de combate que carezca de reglas, entre ellas, la más conocida es la prohibición de golpear los genitales, aunque esta limitación tiene más que ver con las posibles lesiones a largo plazo (cáncer de testículos) que con su poder para anular a quien recibe el golpe, porque el inmenso dolor no aparece instantáneamente, lo que significa, trasladándonos de vuelta al escenario de un atentado terrorista, que el asesino dispondrá de tiempo suficiente para rebanarle el cuello mientras le llega el dolor, si le llega. Así que olvídelo, las patadas en la entrepierna no son útiles en absoluto en una situación semejante, le diga lo contrario quien se lo diga.
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Estamos tan acostumbrados a este tipo de espectáculos deportivos y a las fantasiosas películas que no nos damos cuenta de que existe una regla, La Norma con mayúsculas, que nos está dando la clave para la supervivencia.
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En un instante, un segundo, llegará un corte limpio al lateral de su cuello, seccionando su carótida y yugular, y en cuestión de 5 minutos será un cadáver caliente.
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¿Están preparados para la sorpresa? La clave, es que en todo tipo de artes o deportes de combate existe una prohibición taxativa y expresa contra los ataque a la parte más vulnerable del ser humano, que son… ¡los ojos!, y tenemos dos. Dos blancos extremadamente vulnerables tanto para un niño, una viejecita, como para The Rock, Van Damme, Jackie Chan, Silverster Stallone, Arnold Schwarzenegger y Conor McGregor.
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Pues bien, ahora que conocemos que la principal vulnerabilidad humana son los ojos, ¿qué hacemos para salvar nuestra vida y la de los demás atacados?. Primero recordar que, con una probabilidad cercana al 100%, ya estamos muertos.
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Después, recordar que el objetivo más probable del terrorista será nuestro cuello o nuestro abdomen.
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Después, recordar que el pre-humano confía en su arma y no piensa en defenderse, y si lo piensa, le va a dar lo mismo, porque siempre hay una forma fácil de llegar a los ojos.
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Así que, si tiene el infortunio de encontrarse en semejante situación, y no quiere estar efectivamente muerto en cinco minutos, sólo recuerde dos cosas:
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1ª Sacrifique su antebrazo usándolo como escudo defensivo

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Si le da tiempo quítese la camisa o camiseta y enróllela en su antebrazo. Si no le da tiempo, despreocúpese de su antebrazo-escudo; en el peor de los casos sufrirá un corte o una punzada, pero tendrá tiempo para lanzar su ataque y anular al asesino.
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Ponga su antebrazo en la trayectoria del arma blanca, venga hacia su cuello o hacia su abdomen.
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Es su antebrazo, o su vida. Elija ya, ahora mismo. O sacrifica su antebrazo o entrega su vida y condena a los suyos al sufrimiento de por vida.
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Es un movimiento instintivo, así que aproveche el instinto, cúbrase con su antebrazo y su mano del lado por el que venga el arma hacia usted. No mire el arma, mire a la cara del asesino. Una vez interceptado el cuchillo, el asesino necesita rearmar su brazo para intentarlo otra vez, así que tiene usted tiempo, poco, pero suficiente.
 
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2ª Reviéntele los ojos

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Así de rudo. Simultáneamente, sin pensar, sin esperar ni un instante, encadenando con la acción de escudo del antebrazo opuesto, en un unodos sin pausa, lance ya el ataque a los ojos del terrorista como si no hubiera mañana, con toda su fuerza, sin piedad, a reventarlos.
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No se preocupe por la moral, está plenamente justificado ética y legalmente dejar ciega a una persona que quiere matarnos, es defensa propia, y la proporcionalidad va en favor de quien no va armado.
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Si tiene un concepto erróneo de la moral o no se cree capaz de hacer algo así, entonces piense en sus propios familiares, en todos los inocentes a los que su acción va a salvar la vida, y en las familias que no van a sufrir la injusta muerte de sus seres queridos por su cobardía.
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Su pasaporte para la supervivencia es extraordinariamente fácil, asequible para cualquiera: coloque los dedos como indica la imagen, juntos dos a dos para darse más fuerza. Vaya practicando golpeándose la palma de la mano contraria. Esta posición se llama nukite en japonés. Recuérdelo para que forme parte de su vocabulario: NUKITE.
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Otra ventaja fundamental para nosotros es que, con toda probabilidad, el atacante será diestro, llevará el arma en su mano derecha, así que ya sabemos por dónde va a venir el ataque, de modo que defiéndase con su mano y antebrazo izquierdos, que es lo natural para un diestro, como somos la mayoría. No se haga el Bruce Lee, ni busque sujetar su mano o inutilizarla de cualquier forma, simplemente acepte la herida, sacrifique su antebrazo, en caliente no duele, no hay tiempo que perder: en cuanto intercepte el ataque, dispare sus dedos, su nukite, directamente a sus ojos, y reviénteselos. Si falla, insista hasta el final.
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Si el animal lleva gafas, golpee de abajo hacia arriba para arrancárselas y a la vez destruir sus ojos. Si no ha tenido suficiente puntería o suficiente fuerza y no le revienta los ojos dejándole 100% fuera de combate, le dejará unos minutos inútil, lo que podrán aprovechar para quitarle el arma y reducirle… después de que hayan anulado al resto de asesinos con la misma sencilla técnica, o ellos terminarán el trabajo que usted no ha sido capaz de frustrar.
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Pero si se va a andar con milongas y acariciar los ojos de su verdugo, mejor que le ofrezca el cuello y muera rápidamente, de paso así no verá morir a los demás. Siempre es mejor pasarse por exceso de fuerza que quedarse corto, así que vaya a meterle los dedos en las cuencas de los ojos hasta la muñeca.
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Recuerde, está usted muerto…
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O el terrorista sin ojos.
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Usted elige.
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Terminar así:
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O así:
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Giros de cadera en karate: Jun Jaiten y Gyaku Kaiten (I)

 

Existe en el mundo del karate una notable confusión acerca de estos dos movimientos (jun y gyaku kaiten) en los kata, obviamente debido al frenazo en el desarrollo científico-técnico de esta disciplina que impulsó Funakoshi y continuó Nakayama. Desde la salida de la JKA de la Universidad de Takushoku y la publicación de su inolvidable colección “Karate Superior”, no he conocido ninguna mejora teórica que conduzca al perfeccionamiento técnico, más bien al contrario, todo ha ido hacia atrás, a peor. Ya somos olímpicos, nos va a ver más gente; tengamos un poco de pundonor.

karate olímpico

Bien es cierto que los kata han ganado en vistosidad, pero manteniendo os mismos errores técnicos de entonces. Es decir, es todo más bonito para el inexperto o para el que se cree experto aunque en lo que es experto es en la repetición de errores.

Más mitos del karate: el estilo shotokai

Egami - Artes de CaballeríaSeguramente conocerán la historia del estilo shotokai. Por si no, se la recuerdo un poco por encima.

Shigeru Egami, discípulo directo de Funakoshi, era una persona de salud débil. Debilidad que él, contra toda evidencia (en aquellos tiempos tampoco la había), parece que atribuyó a la reverberación hacia el tórax a través del brazo, de los golpes que se propinaban al makiwara, además de a la dureza de los entrenamientos de aquella época. Cualquiera con dos dedos de frente atribuiría su enfermedad a las dramáticas circunstancias de vida en Japón después de la II Guerra Mundial y a la ignorancia más absoluta acerca de la ciencia deportiva, pero eso habría constituido un deshonor. ¡Uno de los mitos del karate derrotado por un bichejo tan minúsculo que ni se ve con lupa!

Durante su juventud, como suele ser habitual, hacía gala de su fortaleza y su desarrollo muscular, pero en cuanto su salud empeoró hasta el extremo de casi terminar con su vida, dejó de lado ese afán de ser el más duro, para sustituirlo por el cuestionamiento de dimensiones más trascendentales de la vida en general y el karate en particular.

Ki, rompimientos y otras estafas marciales

Para reírse un rato

 

El Shotokan es lesivo para las rodillas. Mitos y leyendas urbanas (I)

Miren, vamos a ser sinceros. A la mayoría de las personas con escasa cultura les encanta utilizar términos llamativos, técnicos. Y en este estridentemente inculto mundo de las artes marciales últimamente se utiliza con llamativa frecuencia el igualmente llamativo concepto “lesivo”, que obviamente significa que tiende a provocar lesiones. Y cuando uno lo pronuncia se siente más listo, como enterao, a la última. Parece como que sabe algo ¿verdad?

Uno de los mitos más ilustres es el que afirma que el estilo shotokan es “lesivo” para las rodillas. Recuerdo que hace bien poco leí esta misma argumentación de un alto grado de este estilo, no voy a decir su nombre porque es una persona prudente aunque esté profundamente equivocada, tan equivocada que ha dejado de practicar su estilo y se ha pasado… ¡Al Uechi-Ryu!

Sí, no se me froten los ojos de asombro, hasta ese punto podemos llegar a ser incoherentes, ignorantes, irreflexivos. Porque ¿es que uno no se para a contraargumentarse a sí mismo o pide opiniones (¡a quién coño!, me dirán con toda la razón) cuando toma una decisión relativamente importante? ¿Uno va, se aprende una cantinela, oye campanas sin saber dónde, y deja lo que ha practicado la mayor parte de su vida para cambiarse a un estilo prehistórico que se caracteriza precisamente por ser, literalmente, cafre, bestia, de bestias. Les contaré, si me guardan el secreto, que el fundador de este estilo en realidad es de origen vasco, de hecho sale como secundario en la exitosa película (no se la pierdan) “Ocho apellidos vascos”, y su nombre real es Patxi Uechiurtainetxea Aguirregomezkortajarena. Justo del mismo Bilbao, como habrán supuesto inteligentemente.

 

uechi ryu - Artes de Caballería

 

Vamos, es como abandonar el shitoryu con el argumento de que es muy violento y pasarse al kyoku, o dejar de practicar aikido aikikai porque es más falso que Judas y pasarse al ki aikido. Bien, pues tamaña muestra de incoherencia, de falta de sentido crítico, de lógica fundamental, ha cundido en el vulgo hasta el punto de que, y corríjanme si estoy equivocado, hoy en día cualquier karateka no shotokan afirma categóricamente eso de que el shotokan es lesivo para las rodillas. O al menos lo ha oído comentar, pero como a él no le va ni le viene porque practica otro estilo, no le ha prestado atención al asunto y se le ha acabado olvidando hasta que se lo he recordado con este post.

Ya más en serio, hay, no obstante, un montón de razones para desmontar el mito, y para que no parezca que esto es opinión contra opinión, iremos analizando el asunto hasta dar con ellas.

Las artes marciales, el hara y la hiperlordosis (II)

Aunque de la entrada anterior de esta serie pudo deducirse lo contrario, es injusto atribuir a las artes marciales la génesis de las lumbalgias debidas a la hiperlordosis lumbar, y también es una exageración pensar que todos los hiperlordóticos practican AAMM. En realidad el 80% de la población mundial padece algún tipo de afección lumbar, es el talón de Aquiles de la especie humana, responsable de la mayor parte de las bajas laborales por enfermedad hasta que a algún listo se le ocurrió echar mano de la depresión.

Este hecho constatable no puede, sin embargo, relajarnos. No debe impulsarnos a lavarnos las manos como Poncio Pilato mientras agravamos los problemas de nuestros alumnos, y aunque el nivel académico y cultural del 99,99% de los profesores de AAMM de todo el mundo es de deficiente a muy deficiente, supongo que cualquiera de los demás puede entender cómo evitar esos errores y tratar de explicárselo a los ignorantes.

El primer error a evitar es el sobreentrenamiento de abdominales, mejor dicho, de pseudoabdominales. Es muy importante resaltar que NO se deben practicar abdominales en una clase de AAMM. No hay justificación para practicarlos salvo muy esporádicamente. Si piensa que una persona con los abdominales fuertes es capaz de soportar todos los golpes, es usted un iluso. Todos estamos dotados de un reflejo de contracción abdominal que aproxima la caja torácica a la pelvis cuando percibimos que vamos a ser golpeados en el abdomen, igual que a taparnos la cara cuando percibimos un golpe alto, contracción que minimiza los efectos de un golpe. Pero todo el mundo de este mundillo sabe que se producen numerosos KO en combates de los de verdad en deportistas que practican miles de pseudoabdominales diariamente, lo que revela una vulnerabilidad que echa por tierra el mito de la tabla de lavar. Si uno es golpeado en el abdomen durante la fase de inspiración no va a tener tiempo para cambiar el ciclo respiratorio y además contraer los abdominales suficientemente, ergo el riesgo de knockout por un golpe en el abdomen se relaciona más con el momento que con la debilidad de la musculatura abdominal.

Las artes marciales, el hara y la hiperlordosis (I)

¿Qué es primero? ¿El huevo o la gallina? Como en el caso del rompecabezas anterior, hay en el mundo algunas cosas de las que se desconoce su relación causa-efecto; no se sabe si lo uno causa lo otro, o lo otro lo uno. Y con respecto a la hiperlordosis, un mal congénito en las (¿algunas?) artes marciales y no sólo en ellas, ocurre lo mismo. Porque… ¿causan las aamm hiperlordosis? ¿o los hiperlordóticos tienden a practicar aamm? ¿no será que, mediante la práctica de las aamm los hiperlordóticos consolidan o aumentan su hiperlordosis y todo lo que ello conlleva?
 
Para salir del embrollo deberemos aislar todos los factores que intervienen en el círculo vicioso y descubrir cuáles son los elementos comunes, descartando los no comunes. Empecemos por lo que sabemos por simple observación y luego iremos descubriendo el resto de elementos incógnitos.
 
Círculo Vicioso - Artes de Caballería
Si te preocupa la hiperlordosis, o tienes problemas lumbares, y practicas aamm, te interesará seguir leyendo. También si eres profesor y de verdad –de verdad de la buena, no de boquita– te preocupa la salud de tus alumnos.

La perversión de los grados (kyu, dan…) en las artes marciales (I)

Estamos tan acostumbrados, tan habituados a los cinturones de colores, a los cinturones negros, las hakamas, los títulos de sempai, shihan, sensei y tal, que ya ni pensamos en ello, no nos planteamos sus ventajas e inconvenientes, y sobre todo, ni se nos pasa por la mente que existan otras alternativas. Las cosas son así porque como los maestros son los que siguen esta dinámica habitual, todos seguimos, como la gente, a Vicente, que debe ser el requeteOsensei del mundo mundial y parte de la galaxia Andrómeda, porque desde tiempo inmemorial todo el mundo le sigue.
Ya sabemos que los grados en las aamm derivan de la percepción japonesa de la necesidad de graduar la enseñanza según el método militar occidental, pero como los galones no les resultaron suficientemente distintivos, es decir, que un lego podría confundir al megamaestro iluminado del multiverso con poderes cuánticos de sus miserables aprendices –¡qué humillación!– había que recurrir a algo más vistoso, algo que dejara bien a las claras para todo el mundo quién pertenece a la élite y quién es un puto pardillo –fucking nerd en inglés, en japonés 1er kyu– inmundo.
Pero aún los hay más exagerados, por ejemplo los practicantes de shorinji kempo de mi amigo Eduardo Narro, que no tienen más colores que el blanco, el marrón y el negro (como normalmente en aikido), pero en cuanto ya son la releche se ponen una especie de chaleco negro largo y se atan una maroma de barco –que como todo el mundo sabe tira menos que pelo de moño– a la cintura pa fardar de guays de esos que dominan la energía universal como su fundador Doshin Sho.

Científicos japoneses confirman la existencia del Ki

20140205_122849La tradición japonesa habla de una energía misteriosa llamada Ki, que lo impregna todo y, lo que es aún mejor, puede manipularse a voluntad. Eso sí, este dominio sólo podría adquirirse mediante la férrea disciplina bajo la férula de un sensei apropiado, o mejor aún, un sensiete, que es como más. No hagan caso de los infundios heréticos que Cayetano Sánchez, El Cuervo, propala en su infame libelo “Budo para Budoka” intentando racionalizar los secretos ocultos de las artes marciales cuya consecución más que justifica, obliga, a que usted se deje parte de su salario en subvencionar a su sensei y rendirle devota pleitesía.

Por lo tanto, no les recomiendo que adquieran el panfleto de El Cuervo (¿con ese nombre qué se podía esperar?), porque puede hacer que su fe se tambalee, ya conocen la máxima:

 

Si crees que puedes, es verdad.

Si crees que no puedes, también es verdad.

 

De modo que les recomiendo encarecidamente que no lo lean, so pena de perderse la posibilidad ya cierta de ser capaces de ejecutar lo que estos científicos –japoneses, además– acaban de publicar: Que es posible teletransportar energía a larga distancia. Es decir, que realmente usted puede absorber la energía del universo (escribo “la” en cursiva, por si no se han dado cuenta, porque tampoco creo que se hayan dado cuenta de la enorme diferencia entre usar el artículo en la frase y no usarlo; si se han dado cuenta, enhorabuena) y proyectarla gracias al poder de su mente como un Neo cualquiera atacando al agente Smith, provocando una destrucción superior a las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

El Hara está… ¡en el culo!

El hara está en el culo! - Artes de CaballeríaQuien haya tenido, como yo, el privilegio de practicar aikido con el profesor Yasunari Kitaura, con la proximidad que impone su pequeño y saturado honbu dojo de Madrid, habrá podido darse cuenta de que tiene una postura algo extraña, algo que quizá no hayan observado los que no le hayan tenido cerca muchas horas. Lo mismo ocurre con Masao Kagawa, con quien ni he tenido ni pienso tener la oportunidad de entrenar. Me refiero a su postura corporal natural, técnicamente estática postural, que se traslada lógicamente a su ejecución, a su dinámica postural y su técnica. No es algo único en él, también se da en muchas otras personas y en deportistas, pero son dos perfectos ejemplos de cómo la estática postural puede condicionar la visión de las cosas, y en este caso particular, del aikido y el karate. Y claro, como son personajes públicos con gran capacidad de divulgación de sus ideas, influyen en muchos miles de personas desprevenidas.

Esa estática postural extraña, denominada hiperlordosis porque consiste en una acentuación de la lordosis normal, se da junto con un desplazamiento del polo superior de la pelvis hacia adelante y el polo inferior hacia atrás, como más adelante veremos.

 

¿Arte marcial o deporte?

Hoy vamos a intentar comprender este espinoso asunto que aqueja a la inmensa mayoría de los practicantes de artes marciales orientales, no sólo japonesas, y que no tiene otro sustrato más que el desconocimiento (no diré ignorancia para no molestar a los más sensibles).

Empecemos por lo básico: aclarar las categorías a las que pertenecen las artes marciales y los deportes de combate. Así conseguiremos separar bien, distinguir, ambos conceptos, y comprender sus características comunes y diferenciales para entenderlos mejor. Comprendidas las partes que componen la totalidad, podremos comprender ésta.

Supongo que todo el mundo entiende lo que es una categoría, pero por si acaso pasa por aquí algún despistado o demasiado joven, ahí va la definición de Categoría: Cada uno de los grupos básicos en los que puede incluirse o clasificarse todo conocimiento.

Budo para Budoka. Un libro que significará un antes y un después en las Artes Marciales orientales

Budo para BudokaTendrá que ser entre todos, porque todos los que llevamos las artes marciales orientales en las venas queremos lo mejor para ellas.

Las artes marciales orientales necesitan evolucionar, salir del vergonzoso pozo de la mitología. Una mitología tan fantástica que provocaría risas en cualquier niño no contaminado por historias sobre el Ki, el Kime, el Kiai, el Hara, y otros superpoderes propios de juegos de PlayStation o XBox.

Aún no ha llegado a mis manos, pero el libro “Budo para Budoka” de Cayetano Sánchez El Cuervo promete sentar las bases de una perspectiva sensata de las AAMM orientales, desmitificando conceptos, historias, leyendas, iconos, ídolos… que las mantienen en un lugar que no merecen, y que mantienen en lo más alto de la jerarquía precisamente a los que más las dañan.

Depende de nosotros, de todos nosotros, divulgar la racionalidad y conseguir que un día nuestro karate, nuestro aikido… sean respetables y respetados. Yo pongo hoy mi grano de arena. Espero que cunda el ejemplo, hemos gastado mucho tiempo, mucha energía, muchas ilusiones, para que esto termine así.

También está disponible en formato ebook aquí.

 

 

Mikio “Mad” Yahara. El hundimiento de un mito del karate.

Era uno de nuestros ídolos, quizá el primero de todos. Mis amigos karatekas y yo teníamos completa la colección de “Karate Superior” de Nakayama. Teníamos 15 ó 16 años y no había ordenadores ni internet para poder informarnos y ver en acción a nuestros ídolos, así que no nos quedaba más remedio que contentarnos con interpretar, con la ignorancia y los escasos recursos comparativos que teníamos, lo que allí veíamos.

No practicábamos shotokan, así que tampoco le podíamos sacar más provecho, aunque mucho más que a aquel francés patilargo y desgarbado llamado Roland Habersetzer. Además, en los de Nakayama salían japoneses, y, ya se sabe, los japoneses son mejores que los demás por el simple hecho de comer el arroz con palillos.

El caso es que nos pasábamos horas fascinados con las imágenes de nuestros héroes, nuestros ejemplos vivientes. Cada uno nos identificábamos más con uno u otro, aunque recuerdo que había bastante unanimidad con Yahara. Lo que no sabíamos, pobres, es que una fotografía acaba en un libro después de hacer cientos de ellas, un proceso selectivo que concluye con la elección de una sola y su colocación. No sabemos cuantas fotos tiraron, pero sí que eligieron la foto más mejor. Así cualquiera.

Yo, por supuesto, anhelaba estudiar en la también mítica universidad de Takushoku-Dai donde entrenaba la élite de la JKA, y lamenté –entonces yo era notablemente lerdo también– que se cerrara debido a aquel desgraciado incidente en el que un alumno karateka resultó muerto en un zen-re. Ya saben: cuando un alumno anunciaba que abandonaba el club, le invitaban a una última clase especial, un bautismo zen que consistía en que tres o cuatro instructores le propinaban una salvaje paliza mientras ejecutaba kihon, uno por cada lado. Así se aseguraban que nadie quería dejarlo, y el que lo hacía, tenía que dejar también la universidad y la ciudad para evitar que los matones de la JKA le encontrasen. Estilo yakuza pero con karategi y do.

Uno de estos ilustres bárbaros de la época era Mikio “Mad” Yahara. No sé si él tuvo algo que ver en el lamentable asunto, pero por lo que sabemos de él, no sería de extrañar. Les voy a hacer un extracto de una entrevista para que se hagan una idea de qué pelo se gasta el personaje.

Chus García y el kata en karate

Chus García - Artes de Caballería
 
Conozco a Chus García desde hace algo más de treinta años. Siempre ha sido un tipo majo y peculiar. Hoy he leído un no menos peculiar escrito suyo en el blog de Ángel Arenas, que me ha provocado algunas dudas que seguramente no surgirán en la mente de la inmensa mayoría de los karatekas. Como siempre digo, la estrategia típica oriental es confundir a las personas –no hay más que ver los koan y demás– para conseguir tenerlas enganchadas durante mucho tiempo y, de paso, obtener su sumisión. Y Chus no sólo parece haber mordido el anzuelo, sino que ha preparado alguno más para seguir diseminando la confusión con su caña.
 
Cada cual puede hacer un sayo de su capa, por supuesto, pero hay que tener cuidado con lo que se dice, que podemos hacer daño a mucha gente. No puedo dejar de hincar el diente a su escrito ante el cúmulo de sinrazones que lo pueblan, como ocurre en la mayor parte de los escritos de practicantes veteranos de artes marciales, convertidos en misioneros y sacerdotes de un credo que no entienden, entre otras razones porque no tiene explicación más allá de lo obvio, como diría Ockham. Para ello, tomaré prestado el escrito de Chus y formularé preguntas y objeciones que espero les sirvan al resto. Vaya por delante mi aprecio y respeto a su nivel técnico. Y mi respeto por las honrosísimas excepciones, que también existen en el mundo de las AAMM. Deberíamos montar una asociación de karatekas cuerdos.
 
Dice Chus:
 

El error del Yin-Yang y su contagio a las artes marciales

yin-yang - Artes de CaballeríaYo no soy un experto en filosofía, pero a pesar de ello puedo darme cuenta de que el concepto de Yin-Yang o In-Yô, es, en su base, erróneo. Y siendo erróneo en su base, nada que se derive de él, nada que se construya sobre él, tiene fundamento alguno ni sirve para nada... bueno.

El conocidísimo –sobre todo en el mundo de las artes marciales orientales y desorientados similares– símbolo del Yin-Yang, en realidad del Tao (Do), del Absoluto, es un perfecto botón de muestra para comprobarlo.

Obsérvese que, excepto la polaridad, que es contraria, cada parte del símbolo del Do es idéntica a la opuesta e incluyen en sí, cada una, una pequeña parte de la otra (el pequeño círculo de color opuesto).

Esto seguramente, para más de uno que cree que no son las cosmovisiones las que crean las culturas, sino al contrario, que las culturas crean las cosmovisiones, pero que en cuanto se les tira de la lengua o se les deja hablar caen en sus propias trampas ("A partir de ahí se extiende a observar que todos los opuestos que se dan en el Universo son meras visiones parciales y, en realidad, complementarias"), no significará mucho, pero para los que somos capaces de observar, desde una perspectiva objetiva, que la religión es la base de la civilización y que las pseudorreligiones son la base de la incivilización, es algo trascendental, vital, la clave de la vida, de la evolución, de todo y de El Todo. Porque mal que le pese al bobo solemne y sus acólitos, civilización sólo hay una, donde habita mayoritariamente gente civilizada, sin importar país, raza… pero sí el credo. No creo que sea necesario recordar –o quizá sí–, que el cristianismo surge en una cultura judía y romana, con influencias de Grecia y Egipto y las que queramos añadir más, completamente hostiles.

Observadores obsesivos también, como muchos otros en occidente y el antiguo Egipto, incluso los mayas y aztecas, los japoneses creyeron encontrar en esta doctrina –que no religión, porque no re-liga con Dios, como más adelante expondré– la explicación del funcionamiento del universo, de todo, de El Todo. Y se equivocaron gravemente. Dramáticamente, para su desdicha y la de aquellos que se vieron, ven y verán, inmersos en esa recesiva cosmovisión o en una posición de inferioridad militar frente a los que la siguen.

La fuerza, uno de los peores enemigos del karate

Vale que el karate sea un arte cuyo origen está en la defensa personal, como el la música tribal árabe origina el flamenco y de ahí todo lo que conocemos como música moderna, la misma que escucha usted en la radio, su chisme tecnológico favorito o cuando sale de copas, evolucionando a su aire.

Libremente, sin que nadie le imponga sus reglas –nunca es completamente libre, pero cuanto más, mejor–, gracias a la inefable Ley del Mercado que, como epítome de la libertad, del Caos generador de El Todo, rechaza lo que no gusta y lo envía al cementerio de elefantes, el mismo lugar que ocupa el karate en el mundo civilizado, mientras mantiene vivo aquello por lo que que la gente está dispuesta a pagar. Como tiene que ser.

El karate tiene ese origen bélico, y como innegablemente lo tiene, los tradicionalistas están empeñados en que sea lo más marcial posible, incluyendo la parte ritual, el kata. No rechazo el anhelo de los tradicionalistas, son libres también, pero aquí, en la vida, estamos para evolucionar, no para estancarnos, y menos para involucionar con personalistas estilos, subestilos, estilillos y subestilillos. Y en el karate la evolución técnica se paró en Nakayama, el único que fue capaz de fijar un estándar con criterio científico.

En el rugby, los jugadores ejecutan su ritual de movimientos, su coreografía, con el fin de demostrar a sus adversarios el tipo de personas con el que se van a enfrentar, hacen gestos, como los animales, pero con un punto de sofisticación, de arte. En lugar de KATA, en rugby esa coreografía se llama HAKA, término que se utiliza para designar la danza maorí, e incluye una canción, estilo Himno de la Legión, enardecedora de sus ánimos y desafiante con el enemigo, con intención de atemorizarles. Aunque a éstos, como que se la chufla, no necesitan esas fantasmadas prehistóricas para hacer lo que tienen que hacer y hacerlo bien.

Durante la primitiva danza guerrera Haka, los jugadores tensan sus músculos al máximo, gesticulan como dementes, gritan amenazantes… pero sin embargo a ninguno de ellos se les ocurriría utilizar más fuerza de la estrictamente imprescindible en el partido. Eso sí, seguramente cualquiera de ellos partiría la crisma con facilidad a cualquier karateka, incluyendo a la mayoría de los kyokushinkai, porque están acostumbrados al contacto duro, nada de moñeces WKF.

Las similitudes del haka con el kata de karate son obvias, ambas son una especie de danzas guerreras, algo más depuradas en el caso del karate dado que los jugadores de rugby a lo que tienen que dedicarse más tiempo es a ganar partidos, no a hacer posturitas de gorila enfurecido, pero ambas tienen unas técnicas concretas, un ritmo concreto, una línea concreta (embusen en karate) de dirección, unas pausas concretas, incluso sus kiai. La diferencia es también obvia: el propósito. Los All Blacks tratan de amedrentar al adversario con su danza. En kata de karate no hay oponentes, el contrario es uno mismo, el reto al que se enfrenta el karateka es la perfección.

¿Son políticamente de izquierdas la mayoría de los practicantes de artes marciales?

Introducir en cualquier debate la política es garantía de labrarse enemigos, algo que no me preocupa demasiado como ya saben mis lectores, porque la verdad está por encima de cuestiones hormonales y de egos, y como no vivo de escribir este blog ni de enseñar AAMM y además casi nadie sabe quién soy, puedo decir lo que pienso sin demasiadas limitaciones. Todo gran hombre tiene grandes enemigos, así que si ese es el peaje para llegar a ello, bienvenido sea; al fin y al cabo, los pobres diablos y grandes diablos también tienen grandes enemigos. Desde luego que no soy de los cobardes que afirman que “Todos los (ponga aquí lo que desee) son iguales” para templar gaitas con los que reman en contra del progreso. Tampoco relativista, aunque como buen adepto a las dañinas religiones orientales, lo fui... hasta que supongo que a base de tortas de la vida, entendí la farsa en la que había vivido y que había defendido con la misma ignorante vehemencia con que la defienden hoy en día sus adeptos.
 
En la anterior entrada creo que quedó perfectamente claro que las AAMM constituyen la actividad más demandada por las personas inseguras, porque cuando se busca la seguridad que venden, es porque no se tiene, o eso se cree. Excluidas quedaron, sin embargo, las personas que se dedican profesionalmente a la seguridad y profesiones afines. Las personas aficionadas a algún deporte, lo practican por razones lúdicas, de salud, incluso competitivas; lo practican porque les gusta, se divierten, y además se sienten mejor.
 
En esta nueva entrada pretendo demostrar, basándome en la ciencia como habitualmente, que las personas practicantes de AAMM son mayoritariamente afines a ideologías de izquierdas: anticristianas (no son antimahometanos, no sé si por cobardía o porque son los más beligerantes anticristianos), antisistema (excepto cuando mandan ellos), antiespañolas (en el caso de los españoles), antiamericanas (excepto cuando ganan los demócratas), antiisraelíes (siempre o casi), enemigas de la civilización y la libertad (pero con smartphone de última generación), que otorgan preferencia a lo sensible (sería paradójico si tuvieran dos dedos de frente, pues el hinduismo lo rechaza) por encima de la razón. Personas de las que en términos generales podría afirmarse que muerden la mano que les da de comer. Y usted, persona sensata, lo duda, métase en facebook y lea lo que comparten la mayoría de ellos en cuanto se les hincha la vena.

Dime qué buscas y te diré de qué careces. El fondo oculto de los budokas

indiana jones Artes de CaballeríaNada, oyes, ni con Indiana Jones; y eso que todos se habrán partido de risa con la escena en la que Indy descerraja un tiro al moro fantasmón del alfange. Ni con el vastísimo conocimiento de la cultura oriental de El Cuervo. No hay manera de apear a la troupe marcial de sus neurosis. El mundo de las artes marciales –y no voy a meter hoy en este saco sólo a las orientales– está formado en su inmensa mayoría por personas inseguras… con ciertas excepciones variopintas entre los devotos del arte y la cultura japonesa –como el mismo Cuervo– y los matones de barrio devenidos en apóstoles de la paz, como el ridículo “Maestro” shaolín, el demente asesino de Bilbao, “El guerrero de Buda” (¡pmffftjojojojoojojojo!). Por supuesto entrevistado por otro que tal baila, el desvariador profesional de moda, Eduardo Punset, supongo que interesado en sus “secretos” de invencibilidad (casi escribo “imbecilidad”). Cómo le van a poner en la cárcel, a ver si salta los muros para escapar o vence a todos los que vayan a “darle la bienvenida”.

Vale, justo es reconocer que a la mayoría de las personas nos han movido a comenzar la práctica de AAMM similares razones, y que durante muchos años –sobre todo en la época juvenil y en algunos casos la paternidad por aquello de la defensa de la prole– la inmensa mayoría hemos deseado ser la reencarnación de Bruce Lee; pero que a estas alturas de la película la gente de este mundo amarillófilo siga pensando en la efectividad, en que va a conseguir ser invencible o poco menos, es abracadabrante.

Y eso no significa que no la tengan, por supuesto, por ejemplo en el caso del jyu jitsu, tan orientado a la lucha cuerpo a cuerpo como distantes a la misma están el karate o el aikido, pero de ahí a que uno se crea superman por practicarlos... Creo que no digo nada nuevo si afirmo rotundamente que el vencedor en cualquier contienda no es el que domina más o menos algún AM, sino el más maloso sin miedo a que le desfiguren la cara, al dolor o la derrota porque se ha bregado en la pelea callejera diaria desde crío, o el monstruo de dos metros y doscientos kilos. 

Pero lo más grave, el meollo del asunto, es que no se dan cuenta de que, con su intención, con su búsqueda de la invulnerabilidad, sólo están reforzando su inseguridad. Sí, luego se les llena la boca de bravuconadas, amenazas, retos y reacciones primarias –de primates– de toda índole, pero la inmensa mayoría son unos inseguros. Trataré de explicar por qué.

El karate es rechazado por el COI para las olimpiadas de 2020

Seamos serios, señores, lobbistas tienen todos los candidatos. No niego que existan influencias extradeportivas en la elección de deportes candidatos, sería absurdo hacerlo y me quitaría la razón antes de empezar a hablar; pero no escurramos el bulto ni echemos balones fuera. La causa de la no admisión del Karate no es otra que el propio Karate.

Voy a generalizar, así que me disculpen las excepciones, si es que las hay. Por cierto, ¿quién habrá sido el analfabeto que ha encargado el cartelito de la WKF? ¡Anda que escribir “ya” con tilde…!

 

El sinsentido del Karate

El Karate hoy en día es un sinsentido que sólo algunos seguimos practicando en el mundo occidental por apego a lo nuestro, a lo que ha llegado a ser gran e importante parte de la vida de algunos, fuente de satisfacciones y sinsabores, pero en cualquier caso, apego. No diré amor al Karate, porque amar es, según Erich Fromm, ocuparse activamente de la vida y el crecimiento de aquello que amamos,  y en nuestro querido arte marcial, como en la mayoría de las orientales, hay más personalismo y sectarismo de los que buscan satisfacer su débil ego y fortalecer lazos de pertenencia al grupo del que beneficiarse, que amor. No, no hay quien ame al Karate, en treinta y cinco años vinculado a él no lo he visto nunca, sólo pseudoamor, egoísmo, vanidad, soberbia.

Sinsentido porque hace mucho tiempo que dejó –si en algún momento lo fue realmente o nos creímos las películas de chinos–, de ser la más eficiente aproximación al éxito en una confrontación violenta. Fue superado claramente primero por el Full Contact, luego por el Kick Boxing, después por el Muay Thai, más tarde por el Jyu Jitsu brasileño y finalmente por el Judo, o el Sambo, o la Lucha Grecorromana, la Canaria, o lo que sea, cuyas técnicas son la clave de la victoria en la mayoría de los combates de la ese espectáculo lamentable, el más cercano a la realidad y más alejado del arte, que se denomina MMA. Sin embargo, abundan los que lo practican como “deporte de combate”. Vamos, como practicar saltos de trampolín para mejorar la brazada de crol.

 

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